miércoles, 29 de diciembre de 2010

El Morro

He decidido de ahora en adelante llevar este blog en dos idiomas. El inglés es sin duda alguna una lengua muy imortante y de gran difusión, que puede incorporar más seguidores. He colocado una aplicación de Google en el lado derecho de la pantalla que traduce todo el contenido en Inglés con solo un click. Este gran avance  de la tecnología hace  las cosas bastante fáciles. Sin embargo, no es perfecto. Muchas veces la traducción de oraciones complejas resulta intelegible.
Por tal motivo, debo hacer un gran esfuerzo cuando escribo en español, para que Google me entienda con el sentido correcto. ES un trabajo muy duro pero creo que vale la pena. Esto me obliga a redactar de manera muy sencilla, sin ningún estilo literario. Espero que los lectores me perdonen de ahora en adelante, por  expresarme de  manera tan simple.  He hecho los cambios correspondientes en todas las entradas del blog.
Como viví y estudié durante cinco años en el Estado de Louisiana en USA ( 1982-88), soy angloparlante. Quisiera que la gente en ese gran paìs y en el resto del mundo también viera mis pinturas.
Saludos.

Me despido de este año 2010 con dos versiones de pinturas basadas en un mismo tema. Son dos lenguajes pictóricos que expresan sentimientos diferentes. Se trata del pueblito de El Morro, situado cerca de la base del Pico Bolívar.
La versión de abajo es una pintura tradicional. En ella yo empleo colores sobrios. Esto  le da una apariencia bastante natural al  paisaje.

El Morro. 2010.
En esta segunda versión del mismo tema nos encontramos frente a  un planteamiento más creativo y audaz. Los colores son más vivos y la pintura es plana. Casi no hay sombras. Es ciertamente,  una pintura más moderna y decorativa.

Vista del Morro. 2010.

lunes, 27 de diciembre de 2010

El encanto de la pintura ingenua

La pintura ingenua permite a uno expresar sus sueños y sentimentos,  de manera  directa y  sincera. Lo mejor de esta técnica es que, uno  puede usar  un lenguaje propio y personal, evitando  así las reglas tradicionales de la pintura. Es un arte  narrativo, donde   las imágenes están al servicio de la palabra y  las ideas. Nosotros   podemos establecer como regla única   que los simbolos  empleados sean claros y reconocibles por todos,  de manera inmediata.

Hace algunos años,  paseando por San Rafael de Mucuchíes, sucedieron cosas extrañas. Me impresionaron mucho unas grandes piedras  a la orilla del  camino. Un rayo de luz amarilla iluminaba los cerros erosionados en el  fondo: Parecían  como panes  recién salidos del horno. Una señora y su hija iban caminando hacia nosotros, sobre un camino rojizo. Ellas  regresaban a casa después de la misa. Parecía que el tiempo se había detenido y que no avanzaban. Yo traté de poner todo aquello dentro de una pintura.

Regreso a casa. 2004.
Cerca de aquel lugar vi seis mulas. Estaban girando en círculos en una era, ( Molino circular),  donde trillaban el trigo. Aquella visión se  grabó en mi mente y la pinté de memoria.

La era.2004.
Hay una hermosa novela sobre la vida en el páramo de Mérida, llamada LugareñaSu autor es  José María Parra, y fue escrita  en 1900. El personaje principal de esta obra es una  joven del campo, quien deslumbra a todos por su gracia y belleza. Depués de leer esta novela, que me gustó mucho, hice  un retrato imaginario de la joven Lugareña.

Lugareña. 1999.
A mi  hija le gustan  las mascotas. Ella tenía un  Poodle, un par de  tortugas y un loro. Lo que ustedes pueden ver abajo, es el  retrato que hice de ella junto a sus queridas  mascotas. Es un lienzo al óleo de 60 x 80 cm.

La niña con sus animalitos. 1996.
Otro día  pinté  a mi hija mientras contaba  con los dedos. En realidad fue un encargo para una ocasión muy especial, porque  se celebraban los diez años de  la Escuela Venezolana para la Enseñanza de las Matemàticas. Los organizadores del evento me  solicitaron algo  especial para ilustrar el folleto, relacionado con el número diez. Enseguida pensé en los diez dedos de la mano. El número diez es el protagonista de esta pintura. La niña está contando hasta el diez con sus deditos, con la mirada de frente hacia el espectador..

Contando. 2005.
 Fui comisionado para  otro  trabajo del mismo tipo  al año siguiente. Pero esta vez, yo debería representar   al número once. Creo que fue  algo difícil y  me tomó bastante tiempo. Finalmente, decidí pintar una relación de tipo matemático. Junto a ella coloqué a  once niños que simbolizan los once distintos tipos de aprendizaje.

Los aprendizajes. 2007.

Pintura al óleo

A partir del año 2000 en adelante, comencé a pintar paisajes en  Mucurubá y sus alrededores. Un lindo pueblito de los Andes Venezolanos, situado a 2400 metros de altitud. El lugar ofrece vistas interesantes, por estar rodeado de altas montañas. Mucurubá está  en un sitio donde,  las dos cadenas  montañosas: La Sierra Nevada de Mèrida y La Sierra del Norte, casi se tocan.
La  vieja iglesia del pueblo y sus casas de estirpe colonial, con tejados de distintas coloraciones, ofrecen un bello motivo. Es una pintura al óleo sobre tela, que mide  50x70 cm. Coloqué una fotografía  de esta pintura   en mi página web. Una escritora colombiana residente en Seattle Estados Unidos: Nélida Mendoza,  vió la imágen y le gustó mucho. Ella  solicitó mi permiso para ilustrar uno de sus libros de poesías: canciones del alma gitana. Yo jamás he visto  el libro, pero quisiera tenerlo entre mis manos  algún día.

Mucurubá. 2003.
He aquí una vista panorámica de la villa. Es una pintura al óleo de 100 x 90 cm. Como ustedes pueden observar, fue  ejecutado con bastante detalle. Esta es  la vista que se tiene desde la parte alta del  pueblo, bajando desde La  Meseta de Mococón.

Vista de Mucurubá. 2004.
Pinté el camino desde mi casa hasta La Meseta de Mococón.   Es una vista desde las alturas que abarca un amplio panorama. Como pueden ver, es un caminito sinuoso que atraviesa un pequeño bosque de cipreses. Me gusta hacer esa ruta a pie en las mañanas, para encontrarme con los vecinos.


El camino de la Mesa. 2003.
Muchas em Mucurubá casas estan hechas usando materiales proporcionados por la misma naturaleza, como las piedras y el barro.



La casa campesina. 2003.
La siembra de hortalizas es la actividad primordial de los habitantes del pueblo. Hay huertas de lechugas, papas, calabacín y otros vegetales por todos los alrededores. Desde los tiempos de la conquista y colonización, en Mucurubá se cultivaba el trigo de manera intensa. Esto trajo como consecuencia el desgaste de la tierra y una marcada erosión de los terrenos inclinados. En 1956 por un decreto del gobierno de aquel entonces, se prohibió sembrar más trigo. Se dió inicio a un gran proyecto de reforestación de todo el páramo. A partir de entonces se trajeron expertos  en agricultura de las islas Canarias para implantar en nuestro país el cultivo de las hortalizas con técnicas modernas: sistemas de riego artificial, fertilizantes químicos, plaguicidas,....etc. Estos cambios  afectaron a la población: se perdió la cultura del trigo y se crearon grandes latifundios. En este cuadro se muestran las dos caras: el pasado, con una parcela de trigo descuidada y el presente mediante una huerta reluciente de bellas hortalizas.

Trigo y hortalizas. 2004.
Todavían quedan en los alrededores de Mucurubá algunas eras ( Molinos circulares  para trillar el trigo, hechas de piedra). El trigo era trillado con los cascos de las mulas. Una tierna estampa del pasado, lleno de nostalgia, cuando todas las montañas de Mucurubá relumbraban  con las espigas doradas, bajo el ardiente sol de la mañana.

La era. 2006.

domingo, 26 de diciembre de 2010

La formación del paisaje

Las montañas se han formado debido a  los cambios de la corteza terrestre,  ocurridos a través de millones de años. La cordillera Andina es de reciente creación. El último levantamiento ocurrió hace un millón de años.  Fue una elevación abrupta del terreno que se produjo cuando chocaron dos placas tectónicas. Las fallas geológicas y  los levantamientos, han sido los principales responsables de los cambios que vemos. También debemos incluir a la acción de los glaciares, la erosión, los deslaves  y los vientos. Todos estos factores  geográficos  moldean el paisaje día a día.
En la cordillera de los Andes hay muchas  mesetas planas, con taludes casi verticales. Estas mesetas han sido  excavadas por la acción de los ríos. Estos taludes y mesetas, como parte fundamental del paisaje, son grandes motivos pictóricos. Su presencia en el  paisaje, le da  mucha fuerza y carácter a  nuestra región.

En la parte  de abajo, aparece  una pintura al  óleo, en formato de 150x100 cm. En  dicha obra yo expreso la geomorfología de un paisaje caprichoso, el cual  imita formas humanas. Una lectura de este cuadro, comenzando  de arriba hacia abajo,  sirve para darnos una idea de  la variedad geológica de los Andes. En  la parte de arriba nos encontramos con  las formas rocosas del precámbrico. Luego pasamos a unas lomas suavemente conformadas. Más abajo tenemos el paisaje plano de las verdes mesetas. Finalmente, en el primer plano, se presenta  un enorme talud de rocas pulverizadas por la acción de los ríos.
Geomorfología de un paisaje andino. 2004.

Los taludes y carcavas profundas en la piel de la montaña son frecuentes, en  San Juan de Lagunillas. Ellos permiten aflorar una tierra rojiza de tipo arcilloso, que contrasta con la verde vegetación.

Taludes en San Juan. 1996.
Esta pintura de formato grande 160x100 cm. es una interpretación casi abstracta de una montaña,  fracturada por los cambios geológicos. Es un tema pictórico sencillo, el cual se ha  desarrollado a grandes trazos, con una pincelada libre, empleando  una coloración algo fría y  limitada.  Las grandes zonas enmarcadas por líneas azules y violetas,  crean planos y volúmenes en movimiento. La pintura transmite  una sensación de mucha fuerza y voluntad creadora.
Taludes.2000.
Cambiamos ahora de  técnica pictórica, pasando desde el óleo a  la pintura al pastel sobre cartulina coloreada. La meseta donde Mérida se encuentra, presenta formas montañosas, las cuales han  sido suavizadas por el paso del  tiempo. Detrás de estas montañas que se retuercen de manera inquietante, aparece  un panorama horizontal más sereno y calmado. En ese mismo  plano de atrás, se pueden observar  algunos edificios de la ciudad.



Al pie de la Sierra de La Culata. 1993.
Una montaña desnuda de toda vegetación es la imágen siguiente. Esta extraña apariencia se debe a  la acción  constante de  la erosión  y los  vientos secos provenientes  del sur. Sin embargo,  hay algo de vida en el primer plano, donde el río riega los campos de caña.


El cañón del Chama. 1992.
La Loma de los Angeles, es una montaña que cambia de color continuamente. En sus empinadas laderas, el espectador  puede observar una reforestación a base de  pinos. La montaña del primer plano con su masiva presencia, amenaza con crecer y crecer, para apoderarse de toda la pintura.

Loma de los Angeles. 1993.
En las montañas de Trujillo, la siembra del café,  le da un verdor agradable a la fisonomía del paisaje. Los campos de cultivo forman rectángulos  de distintas tonalidades, como en  un damero multicolor. La imágen corresponde a  un pequeño valle,  donde se asienta el pueblito de Borbusay.

Borbusay.1993.
Abajo presentamos la Laguna Negra, con el pico Mucuñuque en el  fondo. Está situada   por encima  de los 4000 metros de altitud y es uno de los paisajes del páramo, más apreciados por los turistas que nos visitan. Es una laguna de origen glaciar, cuyas aguas negras  deben  su coloración a las algas.

Laguna Negra.1996.

Pintando con lápices de colores.

Las siguientes pinturas no son copia de nada. Son expresiones de mi propio yo, que  se manifiestan en  el proceso mismo de la creación. La filosofía Zen nos dice que al pintar utilizamos todo nuestro ser: El cuerpo, la mente y el espíritu, para convertirlo en una sola unidad. Para esto debemos alcanzar un estado de meditación en donde nos encontremos con nuestro propio yo que se manifiesta de múltiple maneras en imágenes que reflejan el espíritu. Es un métdo de pintar bastante intuitivo, siguiendo tus propios impulsos, sin imponer reglas lógicas externas. Ser libre y seguir nuestro  propio camino nos ayudará a explorar y develar el misterio interno que tienen las cosas. Hay que vivir la experiencia creativa de manera holistica, integrando todos los elementos espirituales para poder ser auténticos y expresar nuestro yo, nuestra verdad.
Los lápices de colores son fáciles de manipular. Todos hemos aprendido a colorear en la escuela cuando eramos niños usando creyones. Piensa en un paisaje y colorealo siguiendo tu propia inspiración.

Imagina que emprendes un viaje por algun lugar montañoso. Pinta un camino  que te llevará muy lejos.

El camino. 1990.
Los campos de ensueño donde las espigas doradas de trigo se mecen lentamente invitan a descansar y relajarse. Piensa que eres un niño y corres libremente entre los trigales. El aire  tibio y agradable llega hasta lo más profundo de tu ser. Tus preocupaciones desaparecen.

El trigal. 1990.
El camino te llevará por pequeños pueblos donde conocerás personas con las que has soñado alguna vez. Ellas podrán ayudarte con su sabiduría. Escucha  a los niños y a los ancianos.

Valle.1990.
La fuerza telúrica de la montaña nos revela algunos misterios ocultos en nuestro pensamiento. Imagina el momento primigenio de la creaciónd la tierra. Recuerda que eres parte de una voluntad cósmica que ordena el universo.

Aire y tierra. 1990.
Todo cambia para poder vivir. Las nubes viajan entre los valles. Las rocas en el interior de la tierra se agitan entre un mar de lava caliente. El fuego derrite la corteza de la tierra y moldea el paisaje. Imagina un viaje al centro de la tierra. El caos y el orden luchan entre sí para llegar a un equilibrio vital.

Nubes viajeras. 1990.
 La espiritualidad del paisaje se manifiesta en las cosas sencillas que brotan de nuestro interior. El ser se une a la naturaleza.

Valle espiritual. 1990.

sábado, 25 de diciembre de 2010

La emancipación del color. .

Los elementos de la pintura  son el color, la línea, la composición, la textura, el ritmo y  las simetrías. Todos ellos deben estar coordinados entre sí para obtener una obra de arte balanceada.  Cuando uno de ellos asume un rol principal por encima del resto, tendremos entonces una nueva tendencia. Los pintores fauves como Matisse, Vlamink, Marquet y otros crearon obras geniales de colores atrevidos, con una libertad nunca antes vista en pintura. El fauvismo permite que el color exprese toda su carga de energía y vitalidad creadora dentro de la composición. Todo lo demás es secundario y está subordinado a la fuerza avasallante de los colores.

 He aquí una pintura al  pastel, sobre cartulina roja, en formato  de 34 x 50 cm.  El motivo está tomado del pintor Moise Kisling. El título de la obra es Desnudo sobre un divan rojo ( 1918). Esta es  una interpretación libre hecha por mi y  ejecutada  al pastel. En  el fondo  pinté una montaña , lo cual le da un significado distinto a la presencia de la mujer desnuda.


Desnudo con frutas. 2006.
 Una escena cotidiana en una pequeña plaza de un pueblo puede ser un motivo alucinante. En la parte de afuera he pintado con  colores fríos . En el interior puse colores algo más cálidos, para crear contraste cromático. La iglesia brilla con luz propia como un bombillo. Sobre ella hay una llamarada color naranja. Me provocó  expresar estas imágenes   con  colores algo inusuales.


Saliendo de la iglesia. 2006.
 El tendero  del pueblo es una figura maciza, pintada en  color tierra.  Ha sido colocada en primer plano con el propósito de enfatizar su monumentalidad. El hombre de aspecto serio y reservado, mira hacia el espectador con los ojos entornados. La figura  a su vez,  recorta un segundo plano, de caracter diferente. Es la tìpica  Bodeguita de la Esquina,  de paredes azul y blanco, que reflejan muy bien la atmósfera del lugar.

Bodeguero. 1996.
Durante la celebración de la fiesta de San Benito, algunos danzantes se visten de colores chillones. Otros  se pintan la cara de negro: son los llamados "trabuqueros". Ellos  disparan al aire sus estridentes trabucos. Es un ruido ensordecedor cuyo eco se repite por toda la sierra. Esta crispación tiene su equivalente pictorico en un retrato del trabuquero de colores algo disonantes. Para acentuar aún más el caracter agresivo y fiero de estos personajes, he pintado sobre  una cartulina  fondo rojo borgoñés.

El trabuquero. 2006.
Los campos de Escaguey reverberan de colores acidos  en las horas del mediodía. La imágen sombría de los catus, en primer plano,  agrega  una nota de compenetración con el paisaje.

El llano de EScaguey. 2006.
El pueblo de El Morro cabalgando sobre cerros erosionados ofrece una visión algo espectral. En las horas nocturnas de luna llena, los montes pelados y las siluetas oscuras de los pinos dan miedo.

El Morro. 2006.
Una calle principal en formato vertical, es presentada aquí,  desde un ángulo bastante alto. Esta toma crea una sensasción de inestabliidad, que se acentúa con los colores fuertes.

Calle Principal. 2006.
El color hace estallar las formas de estas figuras. Es una composición casi abstracta.

Figuras. 2006.

viernes, 24 de diciembre de 2010

El color y la poesía de las acuarelas

La acuarela es una técnica, que permite expresar nuestros sentimientos  a través de las imagenes. Es un tipo de pigmento con el cual podemos obtener efectos especiales. En general, es una técnica que se presta para lograr esas superficies  suaves, traslucidas y delicadas que tanto gustan al público. Esto, por supuesto,  es una ventaja de la cual  debemos aprovecharnos,  para sacar el mejor partido de nuestro trabajo.  Sobre todo, cuando queremos captar esos efectos especiales del paisaje, producidos por la niebla, la lluvia o la humedad. Pero cuidado, pintar a la acuarela es distinto de pintar al óleo. En primer lugar, la acuarela  no es una pintura cubriente. Es decir, en la acuarela, todos los trazos hechos,  aparecerán en el resultado final. Por lo tanto hay que ser sumamente cuidadoso con lo que hagamos. Antes de proceder a pintar, tendremos que planificar todo con detalle.
En el año 2006 retomé la acuarela para pintar una serie de vistas de Mucurubá y sus alrededores.

Francisco Rivero. Mucuruba. Vista desde mi casa. 2006.
La plaza del pueblo es un lugar apacible durante los días de semana.

Francisco Rivero. La plaza. 2006.
Desde la montaña contemplamos una vista maravillosa de todos los tejados del pueblito. Es una imàgen abigarrada, vibrante y de mucho ritmo.

Francisco Rivero. Vista de Mucurubá. 2006.
Esta vista lateral  del pueblito, fue captada es desde la Meseta de Mococón. Allí está la casa de Anita. Ella es una señora del lugar,  quien sabe preparar unos quesos ahumados deliciosos.


Francisco Rivero. Vista del pueblo. 2006.
 Un poco más arriba de Mucurubá está el pequeño poblado de La Cruz.

Francisco Rivero. La Cruz. 2006.

Las lagunas en medio de las montañas rocosas, son restos de los glaciares que cubrían aquellos lugares hace miles de años. Poseen un encanto especial por su aire tan puro.

Francisco Rivero. Laguna. 2006.
Retirarse a un bosque pinos es relajante. El silencio de estos lugares nos hace encontrarnos con nosostros mismos.

Francisco Rivero. Bosque de pinos. 2006.

Los retratos familiares

El retrato al óleo ofrece grandes retos, debido a la gran cantidad de pequeños problemas que se pueden presentar en su ejecución. Un retrato, más que el parecido físico con la persona, debe expresar algo de su personalidad bien sea mediante la postura, las luces o los gestos.  Nadie quiere un retrato que sea una fotografía exacta.
Digámoslo claramente desde ya: pintar retratos es difícil. Hay que practicarlo casi a diario para poder dominar la técnica. Es por esto que  muchos pintores se dedican sólo a este género. En mi caso particular he hecho unos cuantos retratos, para divertirme, como compromisos con mi familia. Con algunos de ellos  creo que he quedado medianamente satisfecho.

Mi nieto de dos años es un niño muy travieso. Lo retraté sentadó en el sofá mirando con mucho interés hacia la puerta. La mirada pensativa del niño, refleja una mente sumida en pensamientos profundos. El trata de adivinar quien entrará en la habitación. Hasta ahora que yo sepa, el no ha tenido quejas acerca   del retrato.

José Manuel. 2010.

Este retrato de mi padre Jesús Rivero Gil ( 1918-2000) está hecho al óleo con toques de pincelada bastante libres. Esto refleja  de algún modo el carácter del retratado: un hombre amante de la libertad.

Jesús Rivero Gil. 1998.
MI madre Beatriz de Rivero es alegre, franca y  extrovertida. En su retrato predominan los colores cálidos como el ocre y el amarillo.

Beatriz de Rivero. 2003.
Mi esposa Nancy tambié fue retratada. El rojo del vestido simboliza el color del amor, el fuego y la pasión. Ella es signo Aries.

Nancy. 2006.
A mi hijo Francisco José lo pinte al estilo renacentista. A él le gusta estar siempre distante y separado de los demás.

Francisco José. 2006.
Mi hija Paola Stephanie fue siempre buena estudiante. Por eso la pinto con uniforme escolar.

Paola. 2006.
Para mi autorretrato busqué un sombrero de paja. Me identifico mucho con Van Gogh, un pintor incomprendido que luchó por llevar su arte hacia adelante expresando sus sentimientos más intímos en cada trazo de la tela.

Autorretrato. 1996.