sábado, 21 de mayo de 2011

El dulce idilio de una lechoza con cuatro plátanos.

Las frutas maduras ponen el color en la naturaleza. La  papaya o lechoza (como se conoce en Venezuela) es una sinfonía  policromática de delicados matices que van desde el verde selvático más intenso, pasando por el ocre de los caminos polvorientos  y el amarillo candela, hasta los rojos más sensuales que se puedan tener bajo la  luz del sol. Es una fruta de gran tamaño cuyo interior va creciendo poco a poco, se hincha como el vientre de una mujer preñada y al romperse nos deja ver el misterio de sus negras semillas cubiertas de un mucilago brillante y transparente. Su pulpa carnosa, abundante y generosa es suave y rosada, de gusto delicado: apenas un poco ácida, con un ligero toque azucarado que acaricia el paladar.  Muy pocos saben  que sirve para curar las ulceras estomacales.

Lechozas, plátanos y naranja. 2003.
Aquí en esta obra hecha con lápices de colores, cuatro plátanos, dos lechozas y una naranja sirven de motivo para un bodegón tropical.
Desde  las tierras bajas de las montañas andinas hasta la gran planicie del Lago de Maracaibo se cultiva la sabrosa lechoza. Allá, en medio de una naturaleza ubérrima rodeada de aire caliente y vaporoso, cargado de humedad tropical se reproducen los lechozos  a placer.  Entre las hileras de las matas de plátano se dan muy bien, junto a las ramas esbeltas de los cacaoteros ( Theobroma cacao), los zapotes (Pouteria sapota), los jugosos nísperos ( Manikara achras) y el dulce guanábano ( Annona muricata).
Lechozas y naranjas. 2003.

viernes, 20 de mayo de 2011

MI tío Paco también era dibujante.


No sé si las habilidades pictóricas se heredan o no, pero en mi caso debo decir que si, pues provengo de una familia donde no faltaron los  pintores. Mi tío Francisco Rivero Gil (1899-1972) fue pintor y caricaturista.  Nació en Santander España, siendo el hijo mayor de una gran familia de 11 hermanos. Su padre  Jesús Rivero Herrería, originario de Asturias, era el delineante del Puerto de Santander.  Como consecuencia de la Guerra Civil Española, la familia se desintegró. La mitad se quedó en España y la otra se vino a América. Mi tío, junto con cinco de sus hermanos, entre los que estaban  Jesús Rivero Gil (mi padre), cruzaron el Atlántico para salvar sus vidas.  Después de pasar  penurias y  necesidades  durante 18 meses en un campo de concentración en Francia, emigraron a la República Dominicana. Allí se divide nuevamente la familia: unos se fueron a México, otros a Colombia y otros más  a Venezuela. MI tío Luciano Rivero (Chano), el menor de los hermanos fue también dibujante y heredó el cargo de delineante del Puerto santanderino, que Mantuvo mi abuelo  hasta su muerte. Su hijo Manuel es abogado y trabaja en Madrid.
Aquí os dejo una bella estampa de un día domingo al salir de misa. Son un par de novios  cántabros debajo de un árbol. Es obra de Francisco Rivero Gil. El cuadro se titula “Romería” es guache sobre pastel y data de 1958.


Fancisco Rivero Gil-  Romerías. 1958.

Un poco más antigua es esta caricatura, bastante  expresiva, que lleva por título ”Buenos Aires” y fue pintada en 1918. Que tal..
Francisco Rivero Gil- Buenos Aires. 1918.

jueves, 19 de mayo de 2011

San Isidro labrador…


Bueyes en el día de San Isidro. 2007.

Con las  primeras lluvias del mes de Mayo  se abre la estación del invierno y con ella  las esperanzas para los agricultores. El agua caída del cielo hará germinar las semillas y el campo volverá a ser verde. Mayo es promesa hecha agua,  de un nuevo renacer de la vida en el campo. Mayo es el mes en que florecen las orquídeas. Recordemos que la orquídea es nuestra flor nacional. En el mes de Mayo también se celebran   fiestas  a la Virgen María y los niños reciben el Sacramento de la Primera Comunión.
¡Qué hermosas son las fiestas de San Isidro! ¡Cuanta religiosidad y devoción al Santo se  pone de manifiesto en estas montañas andinas! Los bueyes se visten de color en ese día. Las plazas e iglesias se engalanan con arcos de flores y frutos. Los campesinos bajan de las aldeas a celebrar en el pueblo. Las muchachas se engalanan con sus mejores trajes. Habrá morteros, música, algarabía, puestos de comida donde no faltará la chicha de maíz, los pasteles, el sancocho de gallina y los dulces típicos.
Sin embargo, en este mes de Mayo de 2011, hemos tenido en Venezuela  exceso de agua. Se nos ha venido encima El Diluvio y no hay un Arca de Noé donde quepa tanta gente... Llueve casi todos los días desde el mes de Noviembre. Esto ha sido un invierno constante, que ha ocasionado deslaves, crecientes de ríos, daños en los caminos. Inundaciones que ha dejado  a poblaciones enteras damnificadas-  la gente le pide a San Isidro que pare de llover y los niños cantan en la misa cantan: San Isidro Labrador, quita el agua y pon el Sol.
En 1943 el artista venezolano Hétor Poleo, pintó un cuadro llamado “Los tres comisarios”, que se ganó un premio muy importante. El motivo del mismo son tres comisarios rurales, embozados en sus ruanas, para protegerse del frío- y con los sombreros calados hasta la nuca, que impide verles el rostro.

Posee influencias del muralismo mexicano. Eran otros tiempos, de una Venezuela rural, plagada de miseria, enfermedades y analfabetismo. Estos tres tipos, de aspecto tosco y vulgar, que conversan entre ellos, mientras dan la espalda al espectador, representan la “máxima autoridad” del pueblo, con sus peinillas colgando del cinturón. Uno quisiera acercarse más al cuadro para escuchar la conversación. Al fondo se divisa un poblado andino medio abandonado. Es quizás el recuerdo de una pesadilla que nos remonta a nuestra niñez.  Sabemos que Héctor Poleo estuvo por estas tierras en los años 40 y de allí, pienso yo,  le vino la inspiración para esta obra.
La imagen de los tres comisarios es subyugante, posee mucha fuerza telúrica y es como un ícono de  nuestra cultura; representa la barbarie, la irracionalidad y el miedo que todos los latinoamericanos llevamos adentro. Solamente un verdadero artista es capaz de crear estas imágenes inmortales, que identifican a todo un pueblo.
Combinando la imagen inquietante de los tres comisarios de Poleo con esta otra locura  del cambio climático se me ha ocurrido una idea,  que hoy plasmo en una hoja de papel de 25x30 cms, con lápices de colores. La lluvia ha borrado el paisaje y tan solo quedan los tres comisarios, hablando de lo mal que lo han pasado con estas lluvias, y los pies sumergidos dentro de  un charco de agua. En conclusión: Hoy en día la gente es más pacífica y civilizada, que en aquel año de 1943, pero la naturaleza sigue siendo bárbara e implacable con nosotros.
Tres comisarios bajo la lluvia. Mayo de 2011.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Pintando los verdes prados de Cacutico.

Saliendo de Escagüey por la parte de arriba, se inicia una troncal que nos conduce hacia Cacutico. Una vía angosta, recién pavimentada, que serpentea entre pequeñas parcelas de cultivo. Cacutico es un pequeño pueblo, al pie de la Sierra de la Culata,  formado por un puñado de casas rurales alineadas en torno a una calle recta.
Seguimos ascendiendo en zigzag y nos detenemos justo enfrente del nacimiento de un bosque. Allí, sobre una verde llanura, teniendo como fondo una plantación de eucaliptos, sobre la yerba tupida del kikuyo,  Nancy y yo   nos tumbamos a descansar bajo su sombra protectora. Conforman este paisaje una sucesión de colinas que ascienden suavemente hasta la masa rocosa de las lejanas cumbres. Coronan sus  cimas grupos  de pinos relucientes ante el sol,  de distintas variedades sembrados durante una reforestación ya cincuentenaria. Algunos se han secado y sus ramas blanquecinas semejan  espinas de pescado. Los cultivos y potreros avanzan hacia los grandes árboles amenazando con romper el equilibrio de aquel paisaje montañoso. Manos inescrupulosas sedientas de tierra pueden derribarlos en cualquier momento.
La vista hacia el lado sur es también de lo más agradable;  el aire increíblemente delgado y cristalino, se presenta hecho  de una consistencia diáfana y  pura que resbala en las pupilas. La luz derrama una rica paleta de amarillos y ocres refulgentes sobre las flores de berro que tapizan estos potreros, donde el ganado pace muy tranquilo a esta hora de la mañana. El berro pone una nota alegre y vibrante en estos páramos. Es una crucífera, que se da silvestre-  especie autóctona del lugar, pariente cercano de la mostaza. Con sus semillas los campesinos preparan una harina llamada Samil, rica en proteínas, para rellenar las arepas del desayuno, cuando no hay otra cosa que comer...
Francisco Rivero. Berros en Cacutico. 2006.

Ya salen limpios y relucientes los colores del oleo de sus pomos y se ordenan sobre la paleta de madera, siguiendo un ritual de siglos. El olor fresco de la trementina y el aceite de linaza son como los aromas sagrados del incienso y la mirra, que nos preparan para el acto supremo creador. Unas pinceladas de azul cobalto puestas sobre  el perfil transparente y silencioso de la Sierra Nevada,  cierran este  paisaje montañés, que ahora yo humildemente intento  captar sobre un lienzo de 60x 50 cm. Trato de descifrar el secreto de la vida, entre el laberinto de las ramas retorcidas del berro, mientras observo todo con admiración.  Una experiencia de los más enriquecedora, sin duda alguna, pues me permite dialogar directamente con el espíritu de estos páramos.

lunes, 2 de mayo de 2011

La trucha que se contaminó….

Alto Chama. Pastel. 1995.


Visité una truchicultura en el páramo. El lugar era bonito. Uno se deleitaba contemplando el verdor de aquellos prados teniendo como fondo azules montañas coronadas de nubes soñadoras. En el centro de todo un gran lago artificial que represaba las gélidas aguas de una quebrada que bajaba entre rocas, y en sus orillas destacaban macetas de flores de capacho de un rojo intenso y más abajo las hortensias de un violeta azulado formando globos donde se posaban las abejas. Había cientos de truchas en las piscinas que se movían sin cesar de un lado a otro. Entre ellas se destacaba una en particular por su gran tamaño, con pintas oscuras sobre el lomo y color algo verdoso.
-          Es la trucha contaminada – Intervino uno de los empleados, como adivinando mis pensamientos.
Mientras yo miraba a la trucha verdosa el empleado continuaba su plática con una explicación muy educativa sobre el origen de la truchicultura en Mérida.
-          Las truchas no son autóctonas de los Andes. Fueron traídas del Canadá y sembradas en ríos y lagunas, a mediados del siglo XX. Nuestras truchas son de la variedad arco iris. Con las truchas se preparan deliciosos platos de la gastronomía merideña: trucha al ajillo, trucha a la plancha, trucha a la menier…etc
Cuando el hombre se cansó de hablar, se fue a trabajar. Entonces  me quedé a solas con la trucha verdosa que daba vueltas y vueltas en un círculo dibujado con burbujas. Y al final,  ella, flotando muy quietecita al borde la piscina, me contó en aquella mañana radiante de sol,  toda la verdad sobre su triste historia.
“Me llamo Iris. Puedo contarte mi historia, para que la lleves por todo el páramo. Soy una trucha muy experimentada. Conozco bien los ríos y quebradas de este lugar. Todos ellos están contaminados con distintos desechos producidos por el hombre.
Un día mis tres compañeras y yo salimos de la truchicultura a conocer los ríos de Mérida. Pensábamos que estaban limpios como en la época de nuestras abuelas. Soñábamos con aquellos torrentes montañosos de  aguas limpias, puras y cristalinas. Nos contaron que en los suaves remansos, la luz  dejaba ver un fondo de arenilla muy fina que irradiaba destellos como la  plata.   

La quebrada. Pastel. 2005.
Creo que lo de nuestra excursión fue una pésima idea, pues  las cosas no salieron como esperábamos. Ahora los tiempos han cambiado y las cosas no son como ayer. Comenzando por el río Chama, donde pasamos el primer susto. Unos campesinos irresponsables arrojaron potes de pesticidas al agua y la contaminaron. Era un veneno muy poderoso que nos enfermó por tres meses. Luego, aguas abajo, alguien se le ocurrió arrojar aceite de motor  al río. El agua se torno sucia y nos envolvió una capa negra, grasosa y maloliente. Tapó nuestras agallas y no podíamos respirar.  Finalmente ocurrió lo peor: Frente a un pueblo recibimos la descarga de las aguas negras de todas las cloacas. Nunca había visto algo tan horrible. ¿Porque las poblaciones del Chama no tienen su planta de tratamiento de aguas servidas?
Mis compañeras murieron de tanta contaminación. Yo fui la única que sobreviví, gracias a un niño bueno que me rescató entre los desechos tóxicos y me trajo de vuelta a esta truchicultura.”

Trucha Arco Iris, Acuarela 1995.