domingo, 29 de junio de 2014

Sinfonía de colores: Entre lagunas y frailejones.



El Frailejón (Espeletia), esa planta de flores amarillas sostenidas por tallos blancos y largos como el algodón, es la reina del páramo en la altura de más de 3000 m. Ellas cubren los lomos de los cerros y las orillas de las lagunas formando una especie de alfombra por donde resbala la luz del sol mañanero. Entre estas plantas hay otras que también florecen de blanco, morado, rojo y naranja compitiendo todas entre sí, y creando una sinfonía de colores que alegra la visión.
Laguna de Mucubaji. Francisco Rivero. 2014

En los atardeceres el páramo cambia sus colores por los tonos rojizos y naranjas del sol poniente. Sobre la lejanía azul de los montes los arreboles de color violeta se alargan hasta el infinito. Las hojas de los frailejones cual espadas de plata, proyectan sus sombras misteriosas sobre la tierra calcinada por el sol. En la soledad del páramo apenas destaca una pequeña vivienda o la línea blanca de una carretera. Es una escena nostálgica de una belleza inefable.

Atardecer en el Páramo. Francisco Rivero. 2014.

domingo, 22 de junio de 2014

Pintando en el páramo merideño.



Pintar  el paisaje del páramo de Mérida siempre ha sido para mí  una experiencia agradable. El colorido de sus flores, lagunas, cielos y montañas se desparrama sobre el lienzo creando escenas de gran luminosidad y atractivo visual. Estos paisajes son únicos: una vegetación de alta montaña que se adapta  las alturas de más de 4000 metros, días soleados y noches frías, presentando  formas y colores pintorescos que se destacan en lo oscuro de sus riscos de piedra. 
Laguna. Francisco Rivero. 2014

Fuimos al páramo en el mes de enero, cuando el cielo es más azul. Junto a mi hermano Jesús y el amigo José Sierra, un senderista veterano, ascendimos algunos cientos de metros, después de dejar el vehículo en la laguna de Mucubají.  Si empre andando despacio, pues el aire es poco denso en estos lugares. Desde un lugar alto se puede contemplar a plenitud las nieves del pico Mucuñuque, detrás de la laguna negra. Las flores amarillas del frailejón contrastan con el verde profundo de los pinares y las aguas oscuras de las lagunas. La luz parece irradiar de todas partes. Después de comer una tortilla con pan y un poco de vino, la conversación amena de cuentos de montaña no se hizo esperar. Un poco más abajo de donde acampamos había una pequeña laguna cuyas aguas eran completamente verde. Pese que era un efecto del vino. Pero luego me acerque a ella y lo comprobé con mis poropios ojos.
Es  una suerte para los venezolanos poder contar con estos lugares de esparcimiento donde el aire puro y la naturaleza nos hacen sentirnos más saludables y relajados. Este entorno de paz y tranquilidad es lo que trato de expresar en estas dos obras. Son pinturas al oleo de 60x60 cm.
Laguna Verde. Francisco Rivero. 2014