lunes, 12 de enero de 2015

Colores bonitos para ocultar la realidad gris.

Hay problemas serios en Venezuela.

 Pongamosle un poco de color a este asunto tan feo.




He aqui una version oficial de los hechos:


SOBRE EL “BACHAQUEO”
Para mi hermano: Francisco Rivero.
         Dentro de la llamada “guerra económica” que el Gobierno Nacional caracteriza (escasez, desabastecimiento, especulación), encontramos ya definida una primera concreción, sobre la que podríamos hacer algunos comentarios. Se trata del “bachaqueo”, una forma del contrabando de extracción que ha permeado diversos estratos de la población. Una práctica conocida que, nace en la frontera colombo-venezolana, por el diferencial cambiario que existe entre ambos países y que, en la actualidad, favorece a Colombia en la compra de alimentos, medicinas y gasolina a precios bajos en Venezuela y multiplicados en el vecino país, alcanzando, según cálculos oficiales, la salida del 30% o 40%, del abastecimiento nacional en alimentación y 100.000 barriles diarios de gasolina. Se ha denominado también contrabando de extracción interno, por parte del Superintendente del SUNDDAE, Andrés Eloy Méndez.
         Un antecedente nos refiere a la concesión que hace el Presidente Chávez, en 2012, a la etnia wayúu, en la goajira, territorio común entre Colombia y Venezuela, desde el punto de vista étnico y con límites definidos en el mapa territorial. Dicha concesión consiste en enviar alimentos subsidiados a los indígenas venezolanos y compartidos con los indígenas colombianos. Solo que aquí comenzó el negocio. Los camiones con los alimentos se desviaban, en su mayoría a Colombia y los productos se vendían en el mercado fronterizo. Esta práctica se amplió, se diversificó y el “bachaqueo” se extendió por todo el territorio nacional.
         El alza de los precios de los bienes y servicios, en el país, se intensificó desde el mes de octubre de 2013, tanto, que el Gobierno inició un operativo de fiscalización y control que se denominó de “precios justos” y que no alteró la espiral inflacionaria desatada, a pesar de haber afectado a empresas de electrodomésticos, como Daka, entre ellas. No sólo no se concretaron importantes descensos de precios, sino que ello contribuyó al desabastecimiento y la escasez. Luego, en febrero de 2014, cuando se desataron las “guarimbas” y la gente se volcó a almacenar alimentos y medicinas, el saldo de escasez y desabastecimiento fue mayor, producto de la paralización de producción y distribución de bienes y servicios.
         El inicio consistió en la escasez y desabastecimiento en los productos básicos (Harina Pan, Aceite, Café, Leche) se unió al alza en los precios del pollo y la carne. Para cuando culminan las “guarimbas”, se desata la escasez en productos de higiene personal (papel higiénico, pañales, pasta dental, desodorante, jabón y champú) y productos de limpieza para el hogar (desinfectantes, jabón de lavar y del cuerpo, lavaplatos, etc.) Los medicamentos para enfermedades crónicas y las medicinas pediátricas comenzaron a escasear y después se extendió a varias medicinas.
         Se agudiza un problema que estaba aumentando: las colas para adquirir los productos. El Gobierno tardó un poco en aceptar el fenómeno que la población venía observando y rechazando. Señoras de los barrios, a veces con niños, ocupaban las colas de los supermercados donde se sabía que llegarían los productos alimenticios subsidiados. A cierta distancia de las colas, camionetas esperaban a las señoras que adquirían los productos regulados y se los vendían, ganando un porcentaje. Posteriormente, esos productos iban a los buhoneros o las bodegas de los barrios para ser vendidos a precios excesivos. ¿Cómo se enteraban en los barrios de la llegada de los productos? Los empleados de los supermercados los contactaban por teléfonos celulares. El negocio de las colas se hacía promisorio y llegó a constituir un negocio en sí mismo. El puesto en las colas se vendía. Comenzó en 100 Bs. Y pasó a 500 y 700. Ciudadanos improductivos o desempleados cubrían puestos en cola desde la medianoche o la madrugada, para ser vendidos a los compradores a la luz del día. Las goajiras traspasaron el Estado Zulia y se les podía ver en el Macro de Valencia, haciendo colas, para trasladar productos a los vendedores fronterizos. El negocio de las colas ya se venía implementando en Ministerios y Registros, bajo la misma modalidad: vender el cupo.
         La inflación no solo se hace sentir en el alza continua de los precios, además ha alcanzado el sector de los servicios: mecánicos y empleados en las reparaciones de electrodomésticos están cobrando su mano de obra, no por el costo del servicio, sino por el precio de venta del artículo aumentado.
         El Gobierno viene implementando tres prácticas para hacer llegar, a los estratos de escasos recursos y que también aprovecha la clase media: Mercados de Cielo Abierto, bajo la modalidad de operativos; Mercal y Pedeval. O sea, los habitantes de los barrios tienen acceso a los productos básicos regulados. En las urbanizaciones, los supermercados no mantienen continuidad en la distribución de alimentos y las voces que se escuchan anuncian: “no hay”, “llegó”, “van a traer”. En el peor de los casos se asume como la llegada del “castro-comunismo” y sus recetas de racionamiento. A veces, se oye decir “pero, tenemos patria”; una forma de burlarse de los que simpatizan con el Gobierno.   
         Todo este intento fenomenológico de presentar la situación coyuntural, es un intento de alertar hacia donde se dirige la sociedad venezolana que ha sido catalogada como “sociedad de cómplices”, “sociedad delincuencial” y otras denominaciones adversas que preferimos llamar, dentro de esta coyuntura, una: sociedad de intermediación. Ya la economía informal se había legalizado lo suficiente porque ayudaba a encubrir el desempleo, ante los índices de desocupación. En otros trabajos habíamos advertido de la precarización laboral, como estrategia de sobrevivencia, en varios países latinoamericanos. O sea, pasar de la informalidad a la ilegalidad, de buhonero a bachaquero, sólo significó ampliar la base de la precariedad laboral. Mientras el buhonero ocupa espacios fijos en mercados y calles, el bachaquero no tiene local, es ocasional, significa el rebusque, para ampliar el ingreso personal o familiar. Las domésticas, a petición de las dueñas de casa garantizan el acceso a productos escasos, sin tener que hacer las colas, para obtenerlos. También advertimos de la pauperización de la pobreza y estamos constatando como, cuando los pobres tienen que adquirir los productos del bachaqueo, están siendo explotados por otros pobres.
         Amanecemos en 2015 con la ratificación de la inamovilidad laboral, extendida por un año más y que el Presidente de la República anunció por twiter, el primero de enero. Así los desplazamientos de la población se ampliaron y la incorporación al trabajo, podía esperar. Aulas semi-vacías y comercios cerrados. Pero, la comida no puede esperar. Los funcionarios de la intermediación no tomaron precauciones y para la segunda semana del mes de enero los establecimientos del Gobierno: Mercal, Pedeval y Bicentenarios no abrieron. Cierto es que anunciaron cierres por inventario. ¿Y entonces? ¡Bajaron los cerros!  No a saquear ni a violentar, bajaron, a ¡hacer colas en los supermercados!
         Por efecto dominó, en el interior, los barrios se volcaron a los supermercados de las urbanizaciones.  Entonces, las colas se multiplicaron. A los clientes habituales de los supermercados se sumaron los clientes de los barrios, los buhoneros y los bachaqueros. Ahora todos conocerán los precios de la comida y productos de higiene del hogar. Además, se presenta una nueva situación, los compradores de productos subsidiados no sólo se enfrentan a precios elevados, en los supermercados, sino que conocen la variedad y esto aumentará los niveles de exigencia de la población. Los precios justos no llegan a la población ni en alimentos, calzado, vestido o medicinas. De lo que si se quejan los comerciantes son de las multas y la extorsión, por parte de funcionarios improvisados para enfrentar la especulación y el desabastecimiento.  
         Expropiaciones, nacionalizaciones, decomisos y la militarización de las colas, se unirán a los mecanismos que implemente el Gobierno para contrarrestar el problema, en la coyuntura.
                                                                  Carmen Irene Rivero.

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