jueves, 12 de marzo de 2015

Historia de la facultad de Ciencias ( 7)


Vida Social.


En la Mérida de entonces no había periódicos locales. El único canal de televisión que se recibía (en blanco y negro por supuesto) era Radio Caracas TV. No existía la televisión satelital, ni el cable. La diversión principal eran los cines. Se podía subir al Teleférico por 15 Bolívares.

La práctica de los deportes servía de pasatiempo saludable. Yo traje mi raqueta de tenis de Maracay. En las canchas, el entrenador Nené me enseñó el saque y a  golpear el back con bastante fuerza.  Siempre practiqué algún deporte por aquello de mens sana in corpore sano. La gente de entonces  era asidua a los torneos universitarios de basquetbol, béisbol y por supuesto futbol.

En el Departamento de Matemáticas eran frecuentes los paseos al campo algún fin de semana para compartir entre familia. Lugares predilectos eran la Mucuy, El Vallecito y el Parque Alberto Carnevalli de Mucurubá. Algunas veces la Universidad proporcionaba un autobús para el transporte para los estudiantes. Por suerte tuvimos algunos profesores de la Argentina en nuestro Departamento, que preparaban estupendos asados, como el célebre Gordo Fernández. Durante aquellas reuniones se establecieron lazos de amistad bastante duraderos y el Departamento llegó a ser como una gran familia.

Bailando. Francisco Rivero. 2015

Mérida era un paraíso para los jóvenes. Sobre todo, para los que proveníamos de otras regiones, que al llegar a esta tierra nos liberábamos de lazos y compromisos familiares y podíamos vivir con toda libertad. No había entonces más obligación hacia nuestros queridos padres, salvo obtener el ansiado título de profesional, después de cinco años de estudio. Muchos aprovechamos el tiempo por haber sido formados con valores y rectitud en  nuestros hogares. Otros pocos, resbalaron por la pendiente de la vida, se entregaron al vicio y fracasaron.

De cualquier manera, el ambiente era sano, la gente decente y prevalecían la honestidad, la justicia  y rectitud. Jamás hubo crímenes ni hechos de sangre. El peor delito era el robo de algún carterista por los alrededores del Mercado. Por lo tanto, nunca nos cansaremos de repetir ¡Qué tiempos aquellos ¡

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