sábado, 28 de febrero de 2015

Historia de la Facultad de Ciencias 2.



La Ciudad.

Empezaron a caer bajo la picota, bellas mansiones de patio central y techo de tejas de honorables familias. Recias casas solariegas  llenas de historia en muchas de las cuales pernoctaron los héroes de la Independencia.
La ciudad contaba entonces con pocos edificios de reciente construcción que empezaban a cambiar el rostro colonial de ésta, a mediados de los años 60. Todos ellos se han mantenido en pie hasta hoy en día. Las familias merideñas con poder económico construyeron notables edificios, que servían como puntos de referencia para uno ubicarse. Así pues, el edificio Gonza de los Gonzales Zambrano se eleva en la calle 34. Al frente de este está el de los Valecillos, una familia numerosa con 9 hijos varones. Más arriba en la Av. 5. Está el Monsa de los Monzón- Salas. Algunos hicieron proyectos más ambiciosos como la Urbanización Alto Chama y el Centro Comercial del mismo nombre de Don Pablo Celis. En su hacienda de Belenzate, los Salas desarrollaron un Hotel y una Urbanización.  La familia Ramírez construyó el Hotel la Pedregosa en la Otra banda. Hasta el Arzobispado construyó el Edificio El Sagrario detrás de la Catedral. También los Masini hicieron un edificio muy moderno en la Av. 4. Igualmente los Dávila el Edif. general Dávila en la esquina norte de la Plaza Bolívar.
Francisco Rivero. Plaza de Mérida.


La fiebre de la construcción en Mérida fue indetenible y los italianos dejaron su huella por toda la ciudad, con edificaciones que competían en altura. En la Avenida Universidad, más

arriba del hotel Prado Río está el  Edif. Nevada del constructor y comerciante La Mantia. Pasos arriba el edificio  María Gracia de los hermanos Lombardi. La Torre de los Andes en la Av. 5 violando todas las regulaciones de altura en la ciudad, muestra el poder de los Grespan, quienes también urbanizaron la Hacienda de la Mata y el Carrizal, construyeron el Centro Comercial las Tapias. Los hermanos Biankini, constructores del edificio administrativo,  dejaron un bello edificio muy sólido, de amplios y confortables apartamentos,  cuya fachada,  pretenciosamente decorada con losas de mármol, denota la influencia italiana. Me refiero al Edificio  Giulia,  en la calle 33.
Las Urbanizaciones populares de Mérida, construidas por el Banco Obrero en la década de los 60 fueron desarrollos bastante exitosos al dotar con viviendas dignas y cómodas, rodeadas de todos los servicios de canchas deportivas, comercios, escuelas y liceos. Fueron la respuesta acertada a una población que aumentaba  a ritmo acelerado. Buenos ejemplos son Los Sauzales, la Humboldt, Santa Juana y Los Curos.
Por otro lado, la clase media merideña, conformada en su mayoría por docentes universitarios, profesores de liceo, comerciantes, hacendados y funcionarios públicos, pudo adquirir viviendas con créditos hipotecarios en las nuevas Urbanizaciones como la Santa María, El Carrizal, Las Tapias, la Mata, La Mara y San José.
Así  pues, vista las cosas en el tiempo, la industria  de la construcción en Mérida, fue un modelo para el país, por su pujante desarrollo, planificación y calidad de las obras. Muchos ingenieros, arquitectos, encofradores, maestros y albañiles que se formaron en esta ciudad fueron requeridos en otras partes del país por su capacidad. En el año 2002 compré una parcela en La Mata y contraté algunos maestros para hacerme mi casa. Uno de ellos me decía con nostalgia, que los mejores carpinteros, pegadores de cerámica, tejeros, electricistas y herreros se habían formado en Mérida durante aquellos años de bonanza para la construcción y ahora todos estaban afuera trabajando.
Este personal muy calificado permitió concluir obras importantes como la Plaza de Toros, El Hospital Universitario, las Facultades del Núcleo de la Hechicera, los tres viaductos que comunican  a la ciudad, la autopista Rafael caldera y los Túneles del Vigía.
Podemos decir que esta empresa dejó un balance muy positivo para la historia.

viernes, 27 de febrero de 2015

Historia de la Facultad de Ciencias 1.



1970 -80.

 
Logo Conmemorativo de los 45 años. Francisco Rivero-Franklin leal.


Se podía observar entonces el doble de la nieve, sobre la cresta rugosa del Pico Bolívar. Me costaba levantarme, ponerme en movimiento  y dar inicio a  mi primer día en la universidad. Desde mi ventana se palpaba la pereza de la ciudad envuelta en su manto de neblina. Me vestí, tomé un café y salí a esperar el bus en la esquina de la calle 17 con la Avenida 2 Lora. Me senté en uno de los primeros puestos al lado de una bella joven que estudiaba farmacia. Llevaba el negro cabello suelto y sobre el regazo un cuaderno nuevo con un escudo de una ciudad en la portada en donde pude leer la frase "Non Potest cívitas abscondi supra montem posita"[1]
El bus descendía lentamente por la Avenida  mientras yo me  iba acostumbrando poco a  poco a escuchar los distintos acentos regionales de los jóvenes bachilleres. Todo era nuevo y extraño a la vez…
En 1970 Mérida era una ciudad pequeña de unos 70.000 habitantes. La Universidad de los Andes  tenía entonces una matrícula de 8.300 estudiantes repartidos entre las distintas facultades[2].  La sede de la facultad de Ciencias se encontraba en un pequeño edificio de 3 pisos, hacia la parte sur de la ciudad en la Calle 35 entre las Avenidas 4 y 5, llamado Res. Palomari.  Allí estaban los cuatro departamentos: Biología, Física, Química y Matemáticas, las oficinas del Señor Decano y Director, la biblioteca que funcionaba en el sótano. A la entrada en la planta baja, había una barra y detrás de esta una secretaria que atendía al público: era la Sra. Fargier.
Dicho edificio fue construido originalmente para viviendas de 6  apartamentos. Así pues las personas se encontraban cómodamente instaladas. Mi hermano Jesús Rivero era el jefe del Departamento de Matemáticas en ese momento y duró poco en el cargo, pues  a los pocos meses se fue a cursar estudios de Doctorado en Francia. Existía  un convenio de Cooperación entre el gobierno francés  y la ULA  mediante el cual, algunos profesores de ciencias daban clases en la Facultad, con lo cual eran exonerados en su país de prestar el Servicio Militar Obligatorio. También Francia recibió a los primeros profesores becarios de la Facultad. Por todo esto se respiraba un ambiente afrancesado en los predios del Palomari. Los primeros profesores que conocí fueron. Guillermo Chang, Oscar Ordaz y algunos franceses que mascullaban el español arrastrando sus pesadas erres como Daniel Cauty, Henry Bouté, Boulanger y Edgar Bavenkoff. Otros profesores que frecuentaban el lugar Enrique Corao, Misha Brink, Eliseo Castellanos, Aura Azocar, Alba Díaz, Merielena Díaz, Joaquín Site, Arturo Birbal, James Ocallaghan, Joshi Narahari, Ramón Moreno, Juan Silva, Raúl Estévez, Maximina Monasterios,  los esposos Peralta, la Doctora Eldrys de Gil y su esposo el Dr.  Francisco Gil Arnao.  Con el tiempo fueron casi todos ellos mis profesores en la carrera.


[1] No se puede ocultar una ciudad que está sobre una montaña.
[2] Carlos Chalbaud Zerpa: Historia de Mérida.