domingo, 20 de agosto de 2017

Viaje al Atardecer, Final.

X. Apartaderos. Capítulo final.

 You can´t repeat the past.

The Great Gatsby
F. Scott Fitzgerald.

Si hubiese podido repetir el pasado, me habría bajado del autobús en Barinitas y haberme quedado a vivir  en esa ciudad el resto de mi vida. Estaría más cerca de mis orígenes en la capital de la República.


Estábamos en   la parte más alta del camino a 3500 metros de altitud. Un lugar llamado Apartaderos.  El autobús se detuvo e hizo   una parada. Note ciertos cambios en la gente pues el frio y la altura nos enrojecían la cara. Expulsaba  uno  el humo por la boca al hablar. Yo titiritaba de frio.
El nombre de Apartaderos, viene del sistema montañoso, que se parte o  divide en dos ramales en ese punto. También se le llama el Nudo de Apartaderos. Un ramal sigue hacia Valera en el estado Trujillo, alcanzando alturas bastante considerables como en el Pico del Águila y el otro ramal es la Sierra de Santodomingo que desciende un poco hacia Boconó en el mismo estado en la fachada andina de los Llanos barineses.
Casi todos los viajeros llevaban gorros y guantes de lana. Algunos se envolvían en  gruesas chaquetas, otros se cubrían con ruanas y los menos pudientes con humildes cobijas.
-Hay, que bonito todo- exclamaba una niña mirando la extraña vegetación y las pequeñas casitas blancas como de pesebre diseminadas entre los cerros.


Entramos a un cafetín  a través de una pequeña puerta. El interior era agradable por la buena calefacción. Era un sitio turístico donde vendían chocolate casero bastante aceptable, Toddy caliente y arepas de trigo. El lugar era distinto de todo lo que habíamos visto antes. Las paredes enchapadas en madera y en el centro, ordenadas en hileras, algunas mesitas de madera cubiertas de manteles de cuadros rojos y blancos le conferían  un toque algo exótico,  muy chic de café europeo.


Que me pasa, me pregunte ¿Será que estoy soñando que me encuentro en otro país?
Le hice el comentario a la joven Eunice y se reía.
 Las tres amigas se sacaron una foto con aquel decorado de chimeneas,  jamones y salchichones que colgaban apetitosamente sobre una barra,
Unos Turistas franceses, parados enfrente de las vidrieras observaban con curiosidad las postales con las lagunas al pie del pico Espejo cubierto de nieve, los frailejones en flor y el moderno teleférico.
El trato hacia los clientes era amable, aunque los mesoneros eran muchachos parameros de la zona, de poco entendimiento y bastante lentos en su trajinar.
No conocía las arepas de trigo. Probé una rellena de queso ahumado y no me pareció mala  aunque no le sentí ningún sabor especial.

Dentro de aquel refugio compartí la  mesa con Adriana y sus dos amigas. Las tres  empezaron a  hablar de asuntos muy serios y académicos como estudios, pasantías y exámenes, mientras tanto yo las miraba de reojo con cara de asombro. 

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