domingo, 20 de agosto de 2017

Viaje al Atardecer. IX

IX. Barinitas.


El viaje continuo por el piedemonte andino. La carretera ahora comenzaba a ascender suavemente. Comenzaba a amanecer. Era un paisaje más ameno y variado. Era una vía  bastante ancha y moderna de dos canales y con una isla central. Pasábamos  entre  mesetas en cuyas explanadas se destacaban  los negros penachos de las palmeras. Las lomas  de los cerros en redondeadas formas e mujer, se vestían de un lustroso y verde follaje. La piel de la montaña se estremecía con  un aire de frescura y sensualidad que excitaba los sentidos. El olor a yerba húmeda recién cortada, a cilantro y a yaraguá penetró por la ventana como  una marea de suaves oleajes.



Al final de una cuesta estaba una avenida bordeada de matas de cayena. Es el pueblo de Barinitas de una sola calle amplia, bien iluminada y solitaria. Varios kioscos con ventas de frutas se alineaban en esta avenida. Sus dueños estaban comenzando a abrir y ya colgaban de las paredes las mayas de lechosa, naranjas, parchitas, cambures, zapotes, mandarinas y otros frutos.
Barinitas la antigua capital del estado, Está situada en un lugar perfecto con un clima ideal. A un lado del rio Santodomingo, que la bordea, bañando las faldas de la Meseta de Mororoy, donde se asienta. Fue capital durante más de un siglo, hasta que sus pobladores se aventuraron a bajar a los llanos, atraídos por la riqueza las tierras fértiles y fundaron la nueva Barinas.  Así vimos en aquella madrugada inolvidable a Barinitas, tierra de hermosos paisajes al pie de los Andes.
Subieron tres personas más que estaban paradas esperando en la bomba de gasolina. Eran andinos arrebujados en sus ruanas. Una familia que iba para Pueblo Llano. El hombre nos pasó por el lado cargando un saco blanco algo  pesado donde llevaban el avío.  A él y a su familia les fue asignado por el chofer   el último asiento, muy cerca del motor.
-           Huy.. nos mandaron para la cocina- Exclamó el hombre con ironía y cuando abrió la boca  no pudo ocultar el olor a miche.
-           Pongamos al mocoso pa este lao encima de los chécheres- dijo la señora.

Aquel aire puro de montaña era reconfortante.  Fui   al baño.  Al salir me tomé un café  y compre un  chocolate Savoy para el camino.
Aquí se terminó la travesía plana. Ahora en bus enfilaba en dirección noroeste buscando las montañas andinas.


Barinitas es un barrio de Mérida, situado al borde  de la meseta, que se formó a mediados del siglo XX, con los llaneros que fueron llegando para trabajar en el Teleférico. En aquel pintoresco rinconcito llanero también había música en vivo con arpa cuatro y maraca los domingos. La cerveza era la más barata de la ciudad y se vendía a un real  con una locha.

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