NO es fácil recordar lo soñado con todo detalle. Muchas cosas importantes se nos escapan de nuestra mente. Pintar los sueños al amanecer ayuda a recobrar ese registro del inconsciente que se ha borrado.
Para recordar lo que sueñas, el secreto está en entrenar a tu cerebro para que preste atención al despertar, ya que la parte encargada de consolidar la memoria está muy poco activa mientras duermes.
Despertar después de un sueño en el que volvemos a nuestra infancia puede generar una mezcla de emociones: desde ternura y nostalgia hasta cierta inquietud. Según la psicología, estos sueños no aparecen por casualidad. Suelen ser un reflejo de nuestro mundo interior y una invitación a reconectar con aspectos olvidados de nosotros mismos.
Soñar con la niñez puede interpretarse como un llamado a recuperar la inocencia, la espontaneidad y la capacidad de disfrutar sin tantas preocupaciones. Muchas veces ocurre en momentos de estrés o de grandes cambios, cuando la mente busca un refugio seguro en recuerdos que transmiten calma. Es como si el subconsciente dijera: “haz una pausa y vuelve a lo esencial”. En otros casos, estos sueños señalan la necesidad de sanar heridas emocionales del pasado. La infancia, aunque cargada de momentos felices, también deja huellas que influyen en nuestra vida adulta. Soñar que volvemos a ser niños podría ser una señal de que algo pendiente necesita atención, ya sea una inseguridad, un miedo o una experiencia no resuelta.
durante la fase REM tu cerebro muestra una actividad eléctrica tan intensa que se asemeja mucho a cuando estás despierto.
Así pues, sueño muchas veces con mis experiencias de la infancia, como por ejemplo, aquellos paseos al parque de los samanes en las cercanías de Maracay. Era el Parque Agustín Codazzi , un bosque de viejos samanes en donde nos sentíamos como perdidos una selva de un cuento de hadas. Mis padres que ya se han ido, vigilan a los niños en sus juegos y tremenduras. Cuidado y no se vayan a perder- nos advertían a cada rato.
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| FRancisco Rivero. El parque. 2026 |
Cuando mi familia vivía en Caracas y yo tenia tres años de edad, me perdí en el parque Los Caobos. Por suerte, una viejita me rcogio y me llevó donde mi madre, que estaba angustiada. Así me lo han contado, pues no recuerdo el hecho.
Aquellas casas con balcón.
Siento algo de nostalgia por los balcones de las casas de antaño.
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| Francisco Rivero. El balcón. 2026. |
Una boda en el campo.
Viajando por los pueblos del estado Mérida, es como entrar en la maquina del tiempo y retroceder varias décadas. Hay viejas estampas que nos hablan del pasado, como por ejemplo el ritual de una boda campesina. Una celebración sencilla de carácter familiar.
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| Francisco Rivero. Boda Campesina. |



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