jueves, 19 de mayo de 2011

San Isidro labrador…


Bueyes en el día de San Isidro. 2007.

Con las  primeras lluvias del mes de Mayo  se abre la estación del invierno y con ella  las esperanzas para los agricultores. El agua caída del cielo hará germinar las semillas y el campo volverá a ser verde. Mayo es promesa hecha agua,  de un nuevo renacer de la vida en el campo. Mayo es el mes en que florecen las orquídeas. Recordemos que la orquídea es nuestra flor nacional. En el mes de Mayo también se celebran   fiestas  a la Virgen María y los niños reciben el Sacramento de la Primera Comunión.
¡Qué hermosas son las fiestas de San Isidro! ¡Cuanta religiosidad y devoción al Santo se  pone de manifiesto en estas montañas andinas! Los bueyes se visten de color en ese día. Las plazas e iglesias se engalanan con arcos de flores y frutos. Los campesinos bajan de las aldeas a celebrar en el pueblo. Las muchachas se engalanan con sus mejores trajes. Habrá morteros, música, algarabía, puestos de comida donde no faltará la chicha de maíz, los pasteles, el sancocho de gallina y los dulces típicos.
Sin embargo, en este mes de Mayo de 2011, hemos tenido en Venezuela  exceso de agua. Se nos ha venido encima El Diluvio y no hay un Arca de Noé donde quepa tanta gente... Llueve casi todos los días desde el mes de Noviembre. Esto ha sido un invierno constante, que ha ocasionado deslaves, crecientes de ríos, daños en los caminos. Inundaciones que ha dejado  a poblaciones enteras damnificadas-  la gente le pide a San Isidro que pare de llover y los niños cantan en la misa cantan: San Isidro Labrador, quita el agua y pon el Sol.
En 1943 el artista venezolano Hétor Poleo, pintó un cuadro llamado “Los tres comisarios”, que se ganó un premio muy importante. El motivo del mismo son tres comisarios rurales, embozados en sus ruanas, para protegerse del frío- y con los sombreros calados hasta la nuca, que impide verles el rostro.

Posee influencias del muralismo mexicano. Eran otros tiempos, de una Venezuela rural, plagada de miseria, enfermedades y analfabetismo. Estos tres tipos, de aspecto tosco y vulgar, que conversan entre ellos, mientras dan la espalda al espectador, representan la “máxima autoridad” del pueblo, con sus peinillas colgando del cinturón. Uno quisiera acercarse más al cuadro para escuchar la conversación. Al fondo se divisa un poblado andino medio abandonado. Es quizás el recuerdo de una pesadilla que nos remonta a nuestra niñez.  Sabemos que Héctor Poleo estuvo por estas tierras en los años 40 y de allí, pienso yo,  le vino la inspiración para esta obra.
La imagen de los tres comisarios es subyugante, posee mucha fuerza telúrica y es como un ícono de  nuestra cultura; representa la barbarie, la irracionalidad y el miedo que todos los latinoamericanos llevamos adentro. Solamente un verdadero artista es capaz de crear estas imágenes inmortales, que identifican a todo un pueblo.
Combinando la imagen inquietante de los tres comisarios de Poleo con esta otra locura  del cambio climático se me ha ocurrido una idea,  que hoy plasmo en una hoja de papel de 25x30 cms, con lápices de colores. La lluvia ha borrado el paisaje y tan solo quedan los tres comisarios, hablando de lo mal que lo han pasado con estas lluvias, y los pies sumergidos dentro de  un charco de agua. En conclusión: Hoy en día la gente es más pacífica y civilizada, que en aquel año de 1943, pero la naturaleza sigue siendo bárbara e implacable con nosotros.
Tres comisarios bajo la lluvia. Mayo de 2011.

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