jueves, 20 de julio de 2017

Amor, paz y armonía.

Amor, paz y armonía.
La pintura es un medio de lograr la paz del espíritu, el amor hacia los seres queridos  y la armonía con la naturaleza. La luz solar es un regalo de Dios y ella es la energía de donde brota la vida en el planeta. Pintar es celebrar todas estas cosas. Es como una canción de John Lennon o una tonada llanera al levantarse. La pintura es ante todo una “alegría de vivir”, como dijo Renoir. Pintando estos mandalas digitales, de trazos sencillos y amplios disfruto de momentos de abstracción para alcanzar la armonía visual y la paz interior. Son lugares en donde me siento muy a gusto, viaja la mente a otros mundos donde el alma astral entra en armonía con el Universo.

Francisco Rivero. Vegas de tabay. 2017

Una mañana fresca y húmeda después de una noche lluviosa sobre la meseta de Tabay en el Estado Mérida. Es una vista desde la carretera trasandina, parándose en una curva al salir del pueblo cerca de una estación de gasolina. Hay un cafetín en aquel lugar, colgado del borde del talud, un poco abandonado hoy en día, mal atendido, pero hace unos años se podía comer allí muy buenos pasteles de carne y de queso. La vista mañanera a través del aire limpio y puro de la otra banda del rio, es espectacular, con sus vegas de cultivos multicolores que cubran la tierra como una cobija de retazos de tela.

Francisco Rivero. Taiguayguay. 1917

Un lago al atardecer es lo siguiente, como marco a un idilio de una joven pareja, que contempla un panorama apacible. Me trae recuerdos de la Laguna de Taiguaguay en el Estado Aragua. Un bonito lugar cerca de Villa de Cura, donde a luna llena de aquel lugar apacible se refleja en el espejo del agua y a veces se oculta entre una maraña de ramas retorcidas de samanes.

Francisco Rivero. Los Capachos. 2017.


Culmino con un paisaje minimalista. Un casita blanca de rojo tejado y unas flores llamativa,   capachos en tonos de bermellón, amarillo  y burgundy, dan alegría y color al verde paisaje de cultivos en un campo limitado al fondo por unas montañas que se tiñen de azul cobalto en la lejanía. Es una pintura bastante plana y sencilla en donde la vista se recrea con los cambios suaves de tonalidades azules y violetas. En el simbolismo de las flores los capachos pueden representar la dulzura. Son flores muy blandas y efímeras y no requieren de mucho cuidado. Las contemplo desde mi ventana todas las mañanas. 

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