viernes, 7 de enero de 2011

Por los caminos de los páramos.

Los viajes a través de  las altas montañas del estado Mérida ofrecen vistas  bonitas. Las carreteras suben con bastante pendiente siguiendo una trayectoria de curvas que casi se enroscan sobre sí mismas. Si miramos hacia arriba, vemos las cumbres más altas y el cielo azul. Si miramos hacia abajo veremos profundos barrancos y precipicios por donde serpentea algún río. Son vistas sublimes que lo ponen a uno nervioso.

Francisco Rivero. Camino de montaña. 1993.
La Carretera Trasandina, que atraviesa los Andes, pasa por casi todo el estado Mérida. Fue construida en 1925, durante el gobierno del general Juan Vicente Gómez. Este hombre gobernó al pais de manera dictatorial desde 1908 hasta  su muerte en 1936. Gómez contrató una compañía inglesa para construir la carretera. En ellas trabajaron campesinos y presos de manera "voluntaria". Su trazado es bastante sinuoso. Se dice que se hizo de esta forma, para tener a los presos ocupados el mayor tiempo posible.
La vista de abajo es desde un lugar bastante alto, que domina casi todo el valle del Río Chama. Es una pintura en técnica mixta de pastel con lápices de colores, sobre papel marrón.

Francisco Rivero. Caretera Trasandina. 2006.
Cuando la vieja Carretera Trasandina se inclina hacia las cumbres, surgen ante nuestra mirada paisajes de tonalidades frías. Los pinos y los cipreses ponen una triste nota de soledad y nostalgia.


Francisco Rivero. El camino del páramo. 1995.
 Hacia la tarde, la neblina densa resbala desde los cerros elevados, envolviendo el paisaje  en un manto blanco que lo cubre todo.
Francisco Rivero. Bajando la neblina. 1993.
Durante el mediodía  los rayos inclementes del sol, lanzan reflejos por todos lados. Abajo muestro un paisaje hecho en una técnica mixta de acrílica sobre cartón marrón.


Francisco Rivero. El Camino de los pueblos del sur. 1997.
Antes de llegar la paso de montaña más alto de la Carretera Trasandina, hay una posada llamada la Casa de los cien Techos. Esta pintura está hecha con pequeñas manchas de color, al estilo de los pintores impresionistas.

Francisco Rivero. Casa de los cien techos. 1995.

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