domingo, 26 de diciembre de 2010

La formación del paisaje

Las montañas se han formado debido a  los cambios de la corteza terrestre,  ocurridos a través de millones de años. La cordillera Andina es de reciente creación. El último levantamiento ocurrió hace un millón de años.  Fue una elevación abrupta del terreno que se produjo cuando chocaron dos placas tectónicas. Las fallas geológicas y  los levantamientos, han sido los principales responsables de los cambios que vemos. También debemos incluir a la acción de los glaciares, la erosión, los deslaves  y los vientos. Todos estos factores  geográficos  moldean el paisaje día a día.
En la cordillera de los Andes hay muchas  mesetas planas, con taludes casi verticales. Estas mesetas han sido  excavadas por la acción de los ríos. Estos taludes y mesetas, como parte fundamental del paisaje, son grandes motivos pictóricos. Su presencia en el  paisaje, le da  mucha fuerza y carácter a  nuestra región.

En la parte  de abajo, aparece  una pintura al  óleo, en formato de 150x100 cm. En  dicha obra yo expreso la geomorfología de un paisaje caprichoso, el cual  imita formas humanas. Una lectura de este cuadro, comenzando  de arriba hacia abajo,  sirve para darnos una idea de  la variedad geológica de los Andes. En  la parte de arriba nos encontramos con  las formas rocosas del precámbrico. Luego pasamos a unas lomas suavemente conformadas. Más abajo tenemos el paisaje plano de las verdes mesetas. Finalmente, en el primer plano, se presenta  un enorme talud de rocas pulverizadas por la acción de los ríos.
Geomorfología de un paisaje andino. 2004.

Los taludes y carcavas profundas en la piel de la montaña son frecuentes, en  San Juan de Lagunillas. Ellos permiten aflorar una tierra rojiza de tipo arcilloso, que contrasta con la verde vegetación.

Taludes en San Juan. 1996.
Esta pintura de formato grande 160x100 cm. es una interpretación casi abstracta de una montaña,  fracturada por los cambios geológicos. Es un tema pictórico sencillo, el cual se ha  desarrollado a grandes trazos, con una pincelada libre, empleando  una coloración algo fría y  limitada.  Las grandes zonas enmarcadas por líneas azules y violetas,  crean planos y volúmenes en movimiento. La pintura transmite  una sensación de mucha fuerza y voluntad creadora.
Taludes.2000.
Cambiamos ahora de  técnica pictórica, pasando desde el óleo a  la pintura al pastel sobre cartulina coloreada. La meseta donde Mérida se encuentra, presenta formas montañosas, las cuales han  sido suavizadas por el paso del  tiempo. Detrás de estas montañas que se retuercen de manera inquietante, aparece  un panorama horizontal más sereno y calmado. En ese mismo  plano de atrás, se pueden observar  algunos edificios de la ciudad.



Al pie de la Sierra de La Culata. 1993.
Una montaña desnuda de toda vegetación es la imágen siguiente. Esta extraña apariencia se debe a  la acción  constante de  la erosión  y los  vientos secos provenientes  del sur. Sin embargo,  hay algo de vida en el primer plano, donde el río riega los campos de caña.


El cañón del Chama. 1992.
La Loma de los Angeles, es una montaña que cambia de color continuamente. En sus empinadas laderas, el espectador  puede observar una reforestación a base de  pinos. La montaña del primer plano con su masiva presencia, amenaza con crecer y crecer, para apoderarse de toda la pintura.

Loma de los Angeles. 1993.
En las montañas de Trujillo, la siembra del café,  le da un verdor agradable a la fisonomía del paisaje. Los campos de cultivo forman rectángulos  de distintas tonalidades, como en  un damero multicolor. La imágen corresponde a  un pequeño valle,  donde se asienta el pueblito de Borbusay.

Borbusay.1993.
Abajo presentamos la Laguna Negra, con el pico Mucuñuque en el  fondo. Está situada   por encima  de los 4000 metros de altitud y es uno de los paisajes del páramo, más apreciados por los turistas que nos visitan. Es una laguna de origen glaciar, cuyas aguas negras  deben  su coloración a las algas.

Laguna Negra.1996.

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